Desde la reforma del Código Civil y Comercial en 2015, el divorcio en Argentina cambió por completo. Ya no hay culpables, ni causales, ni plazos de espera. Lo que hoy toma tiempo no es el divorcio en sí: son sus efectos.
El divorcio es incausado
No hay que probar infidelidad, abandono ni injurias. Alcanza con que uno de los cónyuges lo pida.
Tampoco hay plazo mínimo: puede pedirse al mes de casarse o a los cuarenta años. Y el juez no puede negarlo ni exigir el consentimiento del otro.
Esto tiene una consecuencia práctica importante: nadie puede "no darle el divorcio" a su cónyuge. Es una creencia muy extendida y es falsa.
Las dos vías
Divorcio de común acuerdo (bilateral)
Ambos cónyuges presentan la petición junto con un convenio regulador que resuelve los efectos del divorcio:
- Distribución de los bienes gananciales.
- Atribución del uso de la vivienda familiar.
- Cuidado personal de los hijos y régimen de comunicación.
- Cuota alimentaria de los hijos.
- Compensación económica, si corresponde.
- Eventuales alimentos entre cónyuges.
Es la vía más rápida, la más económica y —para quienes tienen hijos— la que menos daño hace. En general se resuelve en 3 a 6 meses.
Divorcio unilateral
Lo pide uno solo, acompañando una propuesta reguladora. El otro puede aceptarla, no contestar u ofrecer una propuesta distinta.
Sea cual sea la respuesta, el juez decreta el divorcio igual. Lo que queda pendiente es la discusión de los efectos, que continúa en el mismo expediente o en uno conexo.
Es decir: el vínculo se disuelve rápido; lo que se puede extender es el reparto.
Qué se discute en la práctica
Los bienes
Si no se pactó el régimen de separación de bienes, rige la comunidad de ganancias: lo adquirido durante el matrimonio a título oneroso se divide por mitades.
Quedan afuera los bienes propios: los anteriores al matrimonio y los recibidos por herencia, legado o donación. La dificultad aparece cuando un bien se compró mezclando dinero propio y ganancial, o cuando se vendió un bien propio para comprar otro: ahí la prueba documental del origen del dinero define todo.
Los focos de conflicto habituales son el inmueble familiar, la empresa o el fondo de comercio, los ahorros no declarados y las deudas contraídas por uno solo.
La vivienda familiar
El juez puede atribuir el uso de la vivienda al cónyuge que se queda con los hijos o que está en situación más vulnerable, aun cuando el inmueble sea propio del otro. Es una medida temporaria, con plazo, y puede ir acompañada de una compensación.
La compensación económica
Es una de las figuras más desconocidas y más importantes de la reforma.
Corresponde cuando el divorcio produce un desequilibrio manifiesto en la situación de uno de los cónyuges, con causa en el matrimonio. El caso típico: quien postergó su carrera profesional para ocuparse de la casa y de los hijos mientras el otro desarrollaba la suya.
Puede consistir en una suma única, una renta por tiempo determinado o la entrega de un bien.
Atención al plazo: caduca a los seis meses de dictada la sentencia de divorcio. Es un plazo brevísimo y quien lo deja pasar pierde el derecho definitivamente. Es el error más costoso que vemos en esta materia.
Los hijos
El Código parte del cuidado personal compartido como regla, con la modalidad —indistinta o alternada— que mejor se adapte al caso concreto.
Se define también el régimen de comunicación, la cuota alimentaria y la forma de tomar las decisiones importantes. El criterio rector es siempre el interés superior del niño, que se evalúa en concreto y no en abstracto.
Cuánto cuesta
Depende de la complejidad y de si hay acuerdo. Los componentes son:
- Tasa de justicia y aportes de ley.
- Honorarios profesionales, que en un divorcio de común acuerdo sin bienes son sensiblemente menores que en uno contencioso con liquidación de sociedad conyugal.
- Gastos de inscripción de la sentencia y, si hay inmuebles, de escrituración de las adjudicaciones.
Un divorcio de común acuerdo puede costar una fracción de lo que cuesta uno litigado durante tres años. Vale la pena hacer el esfuerzo de negociar.
Una recomendación
En veinte años de expedientes de familia hay un patrón que se repite: los divorcios que se pelean por todo terminan costando más de lo que se disputaba, y el desgaste emocional —sobre todo para los hijos— no se recupera.
Eso no significa resignar derechos. Significa saber cuáles son, cuantificarlos con realismo y pelear por lo que efectivamente vale la pena.
Si está evaluando divorciarse o ya le notificaron una demanda, escríbanos. En la primera consulta, sin cargo, le explicamos qué escenario tiene por delante y cuál es el camino más conveniente.